El mismo vehículo, ¿es tan seguro en Latinoamérica como en Europa?

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Latin NCAP realiza test de seguridad a los coches, en su versión más básica, otorgando una puntuación que oscila entre las 0 y las 5 estrellas

 

Latin NCAP es una organización no gubernamental que, desde hace 8 años, está realizando la evaluación de vehículos en su versión más básica. Y tras todo este tiempo desarrollando este trabajo obtienen siempre el mismo resultado: el mismo coche y el mismo modelo es más seguro en Europa que en Latinoamérica.

 

El Programa de Evaluación de Vehículos Nuevos para América Latina y el Caribe (Latin NCAP) es un proyecto que nació en 2010 y que se estableció como asociación en 2014. Esta organización se dedica a ofrecer a los consumidores información “independiente y transparente” sobre los niveles de seguridad ofrecidos por diversos modelos de vehículos que se encuentran en el mercado, tal como ellos mismos señalan en su web.

 

El director de la corporación, Alejandro Furas, ofreció la semana pasada una lección magistral en el curso de posgrado impartido por la Universidad Europea de Madrid tras el acuerdo conseguido con el RACE (Real Automóvil Club), que es el responsable en España del CIFAL, centro de formación en seguridad vial, respaldado por la ONU (Organización de las Naciones Unidas) y el primero que se ha especializado en todo el mundo en esta materia.

 

El trabajo que realiza Latin NCAP es testar la seguridad de los coches en su versión más básica, ofreciendo una puntuación entre 0 y 5 estrellas.

A pesar de que la estética de los modelos es la misma, al realizar el examen de los niveles de seguridad el resultado es insólito, dándose el caso en algún análisis que el vehículo vendido en Latinoamérica “podría estar prohibido” en Europa, subraya el director.  

 

La asociación ha constatado que, frente a lo que sucede con las marcas más solicitadas (el 75% del mercado), que consiguen el menor número de estrellas en países latinos en relación a Europa, las “premium” conservan el mismo nivel de seguridad en los dos continentes.

 

Al inicio de su trabajo, la corporación se cercioró de que casi ningún gobierno tenía establecido “suelo” de normativa técnica para requerir al fabricante unos mínimos de seguridad en los vehículos. Según Alejandro Furas, “estamos hablando de elementos como la protección de choque frontal o los anclajes de los cinturones de seguridad, por ejemplo”.

 

Este fue el motivo por el cual la asociación inició su trabajo para recomendar a los gobiernos de América Latina que autorizaran normativas de seguridad con una mínima regulación ya que en esta materia el retraso era de 15 años en relación a Europa. No hay que olvidar que, para la toma de esta decisión, la Latin NCAP fue de la mano de la ONU, cuya asamblea general designó en 2010 el periodo 2011-2020 como “Decenio de Acción para la Seguridad Vial”.

 

En 2014, algunos países como Brasil, Argentina, Uruguay o Ecuador iniciaron la redacción de sus propias normativas, pero contando con unos mínimos muy por debajo de las exigencias europeas. Motivo por el cual, explica apenado el director, el “distanciamiento” entre los países de ambos continentes alcanza los 20 años de retraso, con la balanza en contra del lado latinoamericano.

 

Otro de los hándicaps que también ha resaltado Latin NCAP es que, en muchos casos, al realizar la comparación de la versión básica del modelo, el vehículo no es únicamente menos seguro en un país latino que en Europa, sino que además es más caro en términos relativos, es decir, en relación a la renta per cápita media.

 

Podría decirse que en el “lado positivo”, gracias a la presión ejercida, los modelos más populares brindan en estos momentos una seguridad básica por encima de lo exigido por algunos gobiernos.

Pero no se debería olvidar, indica Alejandro Furas, que también ha sucedido lo contrario: los lobbys de los fabricantes han pretendido frenar la determinación de algunos gobiernos de aprobar normativas técnicas.

        

Fuente: cope.es